FE EN JESÚS
- Yoali Velez
- 21 ago 2019
- 3 min de lectura
Al día siguiente, se celebró una boda en la aldea de Caná de Galilea. La madre de Jesús estaba presente, y también fueron invitados a la fiesta Jesús y sus discípulos. Durante la celebración, se acabó el vino, entonces la madre de Jesús le dijo: —Se quedaron sin vino. —Apreciada mujer, ese no es nuestro problema —respondió Jesús—. Todavía no ha llegado mi momento. Sin embargo, su madre les dijo a los sirvientes: «Hagan lo que él les diga». Cerca de allí había seis tinajas de piedra, que se usaban para el lavado ceremonial de los judíos. Cada tinaja tenía una capacidad de entre setenta y cinco a ciento trece litros. Jesús les dijo a los sirvientes: «Llenen las tinajas con agua». Una vez que las tinajas estuvieron llenas, les dijo: «Ahora saquen un poco y llévenselo al maestro de ceremonias». Así que los sirvientes siguieron sus indicaciones. Cuando el maestro de ceremonias probó el agua que ahora era vino, sin saber de dónde provenía (aunque, por supuesto, los sirvientes sí lo sabían), mandó a llamar al novio. «Un anfitrión siempre sirve el mejor vino primero —le dijo—, y una vez que todos han bebido bastante, comienza a ofrecer el vino más barato. ¡Pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora!».
Juan 2:1-10
María sabia quién era su hijo, por eso le dice a Jesús que se ha acabado el vino esperando ver un milagro, pero Jesús le contesta de la manera más humana posible, pero es tan interesante como María ignora lo que Jesús le dijo y llama a los sirvientes para que hagan lo que Jesús les pida. María sabe quien es Jesús, sabe lo que es capaz de hacer, ella tenia fe en Él y lo impulsa porque sabía que Él era el hijo de Dios.
Jesús cambia de parecer y les dice a los sirvientes que vayan y llenen las tinajas con agua, y la biblia dice que Jesús solo hacía lo que veía al Padre hacer, Él vino a servir y no ser servido. En el Antiguo Testamento Moisés transformó el agua en sangre y eso causó temor, y vemos a Jesús transformando el agua en vino, simbolizando celebración, alegría. Jesús viene a nuestra vida no para traer temor sino alegría, paz, confianza.
Cuando Jesús hace este milagro nadie se enteró mas que los sirvientes, a veces nosotros tenemos que dejar de querer ser reconocidos por algo que hacemos, ser humildes como Jesús, este fue Su primer milagro y nadie lo supo y Él no se ofende porque no le reconocen. Un día recibiremos las recompensas por lo que hacemos, no lo hayan reconocido o no, Jesús ve lo que hacemos en privado y en público.
Jesús bien pudo haber hecho un vino mediocre, pero Él hizo un vino extraordinario, y debemos tomar el ejemplo de que todo lo que hacemos debe de ser extraordinario, lo mejor, no somos perfectos, pero Él sabe de que somos capaz y siempre debemos de darle a Dios y a los demás lo mejor de nosotros, aunque no sea nuestro mejor momento, aunque no queramos, debemos de dar lo mejor de lo mejor de nosotros. Dios nunca hizo un milagro a medias, no sanaba un ojo del ciego y el otro ojo no. Y no es que tú y yo podamos hacer las cosas en nuestra fuerza, pero Jesús en nosotros nos da la capacidad de dar lo mejor, de sorprender al mundo en que vivimos para dar la Gloria a Dios con las cosas que hacemos.
Quizá hay algo en tu vida que se te está acabando, quizá tenias buena salud y ahora ya no lo tienes, quizá tenías dinero, pero se está acabando y te preguntas por qué, Jesús es tan bueno y compasivo y Él quiere darte no solo lo que tenias sino darte algo mucho mejor, en una medida mayor, en una medida excelente.





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